Ocho prompts para copiar y pegar en la IA que ya usás. Ninguno instala nada, ni arma un sistema, ni te pide cambiar de herramienta: cada uno te devuelve una decisión tomada.
Arma, en una conversación corta, los seis datos tuyos que cambian todas las respuestas de una IA. Al final te dice dónde guardarlos para no repetirlos nunca más.
Deja escrito qué querés lograr y por qué te importa, en menos de diez minutos. Los prompts caducan; el criterio no.
Planifica una sesión con la IA: un objetivo, en qué orden, y qué queda para otro día. Si el objetivo no sale en dos líneas, el prompt te frena ahí.
Te entrevista por rondas para separar qué automatizar de qué conviene soltar. Cierra con una sola acción concreta para mañana.
Baja a tierra cuánto cuesta de verdad montar esa herramienta nueva, define una prueba de 30 a 60 minutos y te agenda el bloque si tenés el calendario conectado.
Lee tus propios chats con la IA y te pone nota del 1 al 10 en seis ejes de autoría. No mide cuánto guardaste: mide cuánto pensaste.
Se pega en la misma conversación donde venías trabajando: la IA revisa su propia respuesta contra lo que le pediste y te muestra qué decidió sola.
Cuatro formas de arrancar tu segundo cerebro, de la más simple a la más completa. La primera es un solo documento; de ahí en adelante ya hay una carpeta de por medio.
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