Hubo un día, armando mi segundo cerebro, que quiero que quede anotado.
Estaba en la conversación con la IA misma, entendiendo cómo se organizaba todo: qué archivo era para que lo lea un humano y cuál no, dónde iban las reglas globales y dónde las locales, cómo se rutea cada carpeta.
Una sola línea roja
En el medio de esa charla apareció algo que ya sabía, pero que nunca había puesto en estas palabras: hay una sola cosa que quiero evitar sí o sí con todo este sistema. Que la IA genere contenido por mí.
Eso no lo quiero, en absoluto. Lo que sí quiero es que me ayude a pensar mejor, para que sea yo el que termine generando mejor contenido.
Con esa línea trazada, algo que antes parecía un montón de reglas sueltas, y hasta contradictorias entre sí, empezó a ordenarse solo.
Cómo quedó armado el proceso
El proceso que estaba quedando armado, en el fondo, es este: yo voy volcando información. Lo que creo, lo que pienso, lo que estudio, lo que analizo, lo que descubro, lo que construyo.
Todo eso entra como input y va generando el segundo cerebro, una red de conocimiento que guarda los insights de una forma en que la IA los puede encontrar cuando los necesita.
Y ese proceso termina emulando cómo yo percibo y entiendo las cosas. Tiene dos capas que conviven. Por un lado, conocimiento interrelacionado, sistémico: las conexiones entre ideas. Por otro, conocimiento sistemático y profundo: un tema desarrollado con detalle en su propio lugar.
Cuando até esas dos capas entendí algo que me pareció valioso: literalmente estoy clonando, un poco, mi forma de pensar. Y usando la IA para que me ayude a encontrar los huecos que yo todavía no encontré, esos puntos donde hay una laguna o una inconsistencia en lo que vengo pensando.
Tres semanas después
Eso fue a fines de junio. Tres semanas después, con el mismo laboratorio corriendo, la idea dio un giro que la hizo más filosa.
Me di cuenta de que no estoy tratando de armar una IA que escriba como yo. Es cierto que, aunque no funcionara para nada más, en mi caso ya valdría la pena solo por lo que aprendo en el camino.
Lo que estoy tratando de construir es una IA que replique el proceso de pensamiento que me lleva a esa escritura.
La escritura es el resultado final. No es el objetivo.
Aprender a construir un segundo cerebro que tome decisiones como las tomaría yo, al menos para llevar el resultado a un 90%, vale muchísimo por sí solo.
La habilidad que casi nadie entrena
Y acá está la parte que más me interesa compartir. Creo que hay una habilidad enorme que todos tenemos a mano y que casi nadie entrena: practicar para expresar el propio proceso de pensamiento crítico, de una manera que una guía (una IA, en mi caso) lo pueda entender, destilar y replicar.
Esa práctica, no la herramienta, es el acceso real.
Es mi aventura actual. Siempre la pienso igual: un pequeño laboratorio donde esto se va materializando. De a poco fue tomando la forma de crear contenido. Y después fue tomando otra forma.
Está muy relacionado con lo que vengo defendiendo hace tiempo: el mejor proyecto que uno puede armar para entender la IA es la propia marca personal, el lugar en el que equivocarse no cuesta caro y donde todo lo que aprendés te capitaliza a vos.
Pero la parte que más se me quedó de estas semanas no es esa. Es la distinción de fondo, la que se afinó de un mes al otro.
No quiero una IA que escriba por mí, ni siquiera una que escriba como yo. Quiero una IA que piense como yo, para que la escritura salga de ahí.
Si tuvieras que explicarle a alguien, o a una IA, no lo que pensás sino cómo llegás a pensarlo, ¿podrías hacerlo?
Para probar en tu IA
La regla que reordenó todo mi sistema fue esta, dicha así de simple. Si estás armando tu propio segundo cerebro, o le diste a tu IA acceso a lo que pensás, probá pegarle esto como instrucción de base:
No generes contenido final por mí. Tu trabajo es ayudarme a pensar mejor: señalame huecos, inconsistencias y preguntas que no me hice, para que sea yo quien termine escribiendo o decidiendo. Si en algún punto ibas a producir el resultado final en mi lugar, avisame antes de hacerlo.