Lo armaste para sacarte esa tarea de encima para siempre.
"Que la haga el GPT", pensaste. "Yo la reviso y listo."
Terminas revisando tanto que la rehaces entera
Corregirle al GPT te lleva más que hacerla desde cero.
Y en algún momento dejaste de corregir. Volviste a la tarea a mano, en silencio.
Hay un motivo, y no es que le falte una versión mejor
El motivo es simple: le pediste al GPT algo que tú todavía hacías a medias.
Para corregirle bien, primero tenías que saber tú exactamente cómo se hace. Y eso todavía no lo tenías del todo.
Así que corregir se volvió rehacer
El atajo no te liberó de la tarea.
Te dio la tarea dos veces.
Una para explicársela al GPT. Otra para arreglar lo que devolvió.
Y hay un momento en que eso deja de pasar
Un GPT te libera de una tarea que ya dominas, no de una que estás aprendiendo.
Cuando la hiciste a mano las veces suficientes, sabes al instante si lo que devolvió sirve o no. Ahí sí lo revisas en segundos.
La diferencia no es el GPT. Es cuánto la hiciste tú antes
Los procesos que hoy le delego a la IA los hice a mano hasta el cansancio primero.
No por disciplina. Porque cada vez que los repetía aprendía algo que después necesitaba para que la IA no metiera la pata.
Recién cuando dejaron de enseñarme algo nuevo, los solté
Antes de armar el próximo GPT, decide si esa tarea ya está para soltarla.
Hice un recurso para separar lo que conviene automatizar de lo que todavía te conviene hacer a mano.
Abrir el recurso PRIORIDAD