Elegiste el modelo más potente porque decía que era el mejor.
Nadie te explicó qué cambia cuando lo eliges. En redes sociales solo escuchaste que salió uno nuevo y que es superior al anterior.
Y es superior, pero solo en los problemas donde eso importa.
En los otros, esa potencia trabaja en tu contra.
Un pedido de 2 líneas no tiene por dónde pensarse 3 minutos. El modelo igual lo intenta, porque para eso lo elegiste.
Elegir siempre el más potente. Parecía la opción sin riesgo, pero tiene uno.
El modelo más potente no te da solo una respuesta: prueba varios caminos, los compara, descarta los que fallan y te muestra solo el que sobrevivió.
Ese trabajo extra rinde cuando hay más de un camino posible y hace falta encontrar cuál conviene. Y ese extra de cómputo tiene sentido solo cuando el camino no está claro de entrada.
Tú ya sabías el camino, y aun así dejaste que el modelo lo buscara por ti.
Resumir un mail de 5 líneas no necesita que compare caminos: ya sabes cómo se hace. Diseñar una estrategia sin precedente, sí.
La pregunta es si el camino ya existe en tu cabeza, y ahí cambia todo: con el mail ya lo sabes, con la estrategia todavía no.
Pero esa pregunta no dice qué hacer con la respuesta, y ahí entra el paso que sigue.
Cuando la respuesta apunta al modelo potente, dale el problema abierto y déjalo comparar: ahí ese trabajo extra se paga solo.
No le entregues la respuesta ya decidida en el prompt: dale el objetivo y el contexto, y pídele que muestre los caminos que probó antes de elegir uno.
Ahí la comparación deja de ser ruido y se vuelve la razón por la que pagaste ese modelo.
La próxima vez que abras el chat con el modelo más caro: ¿ya sabes el camino, o quieres que lo busque él?
Esa pausa es todo lo que hace falta.