Así retomé el control
Durante semanas quise que entrara todo. Más fuentes, más resúmenes, más automático.
Y funcionó. Ese fue el problema
Crecía la memoria. No crecía yo. Ahí entendí que estaba midiendo mal.
Estaba contando lo que entraba
Medía el sistema por lo que entraba. Notas nuevas. Resúmenes. Fuentes conectadas.
Todo eso se puede medir sin ti. Ninguna de esas cosas pasa por tu cabeza.
Así que le puse el freno. Es literal una línea
El freno, completo
Nada toca mi conocimiento si no pasó por mí.
Lo que pasó después no me lo esperaba
Qué cambió al día siguiente
La IA siguió haciendo todo. Menos una cosa.
- Sigue trayendo material, resumiendo, ordenando. Nada de eso se tocó.
- Lo que trae queda en crudo, aparte. No entra a mi cerebro.
- Entra el día que lo leo yo. Ese día, y no antes.
- Lo que nunca leo, nunca entra. Y no pasa nada.
Y ahí apareció lo raro
Empezó a entrar menos. Y yo empecé a crecer más.
El archivo dejó de inflarse. Pero todo lo que quedaba adentro lo podía explicar sin volver a abrirlo. Eso antes no pasaba.
Estaba midiendo la cosa equivocada
Un segundo cerebro no se mide por lo que guarda. Se mide por lo que puedes explicar sin abrirlo.
Lo primero crece solo. Lo segundo solo crece si le pones un freno a lo primero.
Te confieso por qué tardé tanto
Tardé semanas en darme cuenta.
Y no porque el sistema fallara. Fallaba justo al revés: hacía todo lo que le pedía, cada vez más rápido.
Es más difícil frenar algo que funciona que arreglar algo que se rompe. Por eso tardé tanto.
Te dejo la pregunta
¿Le pondrías un freno a tu sistema, sabiendo que va a entrar menos?
Yo tardé semanas en decir que sí.